La AM sigue viva conectando territorios

Mientras en algunos países la radio en Amplitud Modulada (AM) ha disminuido o migrado masivamente hacia FM, en Colombia este formato se mantiene vigente y con un valor social estratégico, especialmente en regiones donde otras tecnologías no llegan con la misma cobertura.

De acuerdo con cifras del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Mintic), Colombia cuenta con 1.726 emisoras autorizadas que operan en el espectro radioeléctrico y se proyecta que en 2026 la cifra ascienda a 1.807 estaciones. Del total actual, 1.421 funcionan en frecuencia modulada (FM), mientras que 305 emisoras continúan transmitiendo en amplitud modulada, lo que demuestra que esta banda sigue teniendo presencia activa en el país.

Dentro de este ecosistema, la AM desempeña un papel fundamental por su capacidad de cobertura. Su señal puede recorrer grandes distancias y atravesar geografías complejas, lo que la convierte en un canal esencial para comunidades rurales y apartadas. Aunque países como México, Brasil y Chile iniciaron hace ya algún tiempo el desmonte de esta frecuencia, Colombia se resiste a su desaparición.

A diferencia de Brasil, donde más del 90 % de las emisoras AM migraron hacia FM como parte de una política de modernización del espectro, en Colombia no existe un plan de apagón de la banda AM. El Mintic ha reiterado que esta frecuencia es reconocida como un recurso estratégico, especialmente en territorios donde la conectividad digital es limitada y la radio sigue siendo el medio más accesible y confiable.

La AM no solo es tecnología, también es memoria, identidad y presencia territorial. En regiones como Córdoba, su importancia es evidente. En este departamento opera Frecuencia Bolivariana 1160 AM, la emisora más antigua del departamento.

Desde Frecuencia Bolivariana también se construye tejido social y se mantiene viva una tradición sonora que forma parte de la historia cultural de Córdoba. Como emisora educativa y cultural, proyecta conocimiento, fomenta el pensamiento crítico y aporta a la formación integral de sus audiencias a través de contenidos académicos, sociales y pastorales. Su programación no solo comunica hechos, transforma a través de la palabra, educa desde el saber, evangeliza desde los valores del humanismo cristiano y fortalece la identidad regional al visibilizar expresiones artísticas, saberes locales y procesos comunitarios.

En un entorno donde lo digital avanza rápidamente, la AM demuestra que la innovación no siempre implica desaparición, sino adaptación y permanencia con propósito.

La amplitud modulada se niega a desaparecer porque sigue cumpliendo una función que ningún algoritmo puede sustituir, estar presente, de manera constante y cercana, donde más se necesita.